Cómo usar correctamente los antibióticos.

por | 15 octubre, 2018

Cómo usar correctamente los antibióticos.

Los antibióticos son medicamentos seguros y de gran eficacia que durante décadas han ayudado a disminuir los porcentajes de mortalidad en todo el mundo. Sin embargo, no siempre los usamos como es debido.

ANTIBIOTICOS

Qué son los antibióticos

Los antibióticos son medicamentos con la capacidad de destruir un organismo patógeno vivo, o de inhibir su desarrollo.

Los antibióticos son medicamentos seguros y de gran eficacia que, desde que se produjo el descubrimiento de la penicilina en 1928 y su posterior comercialización en los años 40, han constituido la medida terapéutica que ha obtenido mayor éxito en la disminución de los porcentajes de mortalidad.

Sin embargo, no siempre los usamos como es debido, ya que su uso está indicado para prevenir y tratar enfermedades producidas por bacterias, y no resultan efectivos ni se deben emplear en el tratamiento de patologías que, como la gripe, son causadas por virus.

Para saber cuándo recurrir a ellos, en primer lugar debemos saber que un antibiótico es una sustancia capaz de destruir un organismo vivo, o de impedir su desarrollo.

Su origen puede ser diverso, pues pueden proceder de:

  • Otras bacterias.
  • Hongos y mohos.
  • Síntesis en el laboratorio.
  • Síntesis en el propio organismo.

Clasificación de los antibióticos

Dependiendo de su acción, los antibióticos se clasifican como:

  • Antibióticos de bajo espectro, afecta a grupos pequeños de gérmenes.
  • Antibióticos de amplio espectro, afecta a grandes grupos de gérmenes.

Otra clasificación se basa en su mecanismo de acción. Si actúan inhibiendo el crecimiento de gérmenes nocivos, se denominan bacteriostáticos y, si los destruyen, bactericidas.

Antibióticos bactericidas:

  • Beta-lactámicos (penicilinas y cefalosporinas).
  • Glicopéptidos (vancomicina, teicoplanina).
  • Aminoglucósidos (grupo estreptomicina).
  • Quinolonas (grupo norfloxacino).
  • Polimixinas.

Antibióticos bacteriostáticos:

  • Macrólidos (grupo eritromicina).
  • Tetraciclinas.
  • Cloramfenicol.
  • Clindamicina, lincomicina.
  • Sulfamidas.

Resistencias a antibióticos

Las bacterias han desarrollado mecanismos para eludir la acción de los antibióticos.

La existencia de cepas bacterianas resistentes a los antibióticos es un grave problema de salud pública, debido a que estos fármacos son indispensables para el tratamiento de infecciones bacterianas que pueden poner en peligro la vida de los enfermos y de las personas de su entorno.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado de que cada año mueren un millón de personas debido a enfermedades infecciosas que no responden a ningún tratamiento antibiótico, y que esta cifra podría ascender a diez millones en 2050, y superar incluso a los fallecimientos por cáncer.

El descubrimiento de los antibióticos se considera uno de los mayores éxitos de la medicina moderna, porque su empleo ha contribuido a salvar la vida de muchas personas.

Sin embargo, las bacterias han desarrollado mecanismos para eludir su efecto, lo que complica el tratamiento de las infecciones bacterianas, e incrementa el riesgo de adquirir infecciones en el hospital.

Causas de la resistencia a antibióticos

La resistencia a estos medicamentos es un proceso natural de la bacteria, que trata de sobrevivir al efecto antibiótico alterando su material genético para ser capaces de tolerar estos productos.

Sin embargo, en los últimos años se ha observado que existe una relación positiva entre el consumo de antibióticos y su empleo indiscriminado en la crianza de animales para el consumo humano y la aparición de bacterias resistentes a los mismos, que se han denominado superbacterias.

Los vertidos de las sustancias químicas que se generan durante los procesos de fabricación de medicamentos en algunos países como India y China son, según un informe elaborado por la fundación internacional Changing Markets y la agencia de investigación medioambiental Ecostorm, otra de las causas de la proliferación de bacterias que han desarrollado resistencia a los antibióticos.

Las resistencias a los antibióticos afectan a toda la población, ya que la bacteria se vuelve inmune al tratamiento con uno o varios antibióticos, independientemente de que el enfermo haya tomado previamente estos medicamentos.

Por lo tanto, un empleo irresponsable de estos fármacos, hará que no se puedan beneficiar de ellos aquellos pacientes que los requieran.

Las infecciones originadas por bacterias resistentes no responden al tratamiento, se prolonga el proceso infeccioso y, por lo tanto, se incrementan las posibilidades de contagio y la aparición de complicaciones. Sin duda, estamos ante un reto de presente y futuro que afectará a la salud de toda la población mundial.

Errores de automedicación con antibióticos

Si el médico prescribe antibióticos, se debe seguir sus instrucciones en cuanto a las dosis y la duración.

España, según un estudio europeo comparativo del Ministerio de Sanidad y Consumo, se encuentra entre los países de Europa con mayor grado de automedicación con antibióticos y, como consecuencia, un porcentaje mayor de cepas bacterianas resistentes.

El problema surge porque se utilizan también para tratar infecciones causadas por virus, que no requieren ni responden al tratamiento.

El 90% del consumo de antibióticos es extrahospitalario y, de este, un 85% se emplea en tratar infecciones respiratorias, tanto en los niños como en los adultos que, en la mayoría de los casos, no precisan antibióticos por ser infecciones víricas.

Es importante señalar que no se debe interrumpir el tratamiento prescrito por el médico, salvo que aparezca alguna reacción adversa clínicamente significativa, ni siquiera aunque el paciente sienta mejoría, ya que la resistencia a antibióticos se genera con mayor facilidad si estos se administran de forma intermitente, o a dosis inferiores a las terapéuticas.

El profesional sanitario tiene un papel clave en el uso responsable y prudente de los antibióticos.
Recomendaciones para el uso adecuado de los antibióticos

¿Cuándo deben tomarse antibióticos?

No todas las infecciones precisan tratamiento antibiótico. Los resfriados, los catarros y las gripes son causados por virus; pueden producir fiebre elevada, pero no mejoran ni se evita su contagio administrando estos medicamentos.

Uso de los antibióticos
Los resfriados, los catarros y las gripes no deben tratarse con antibióticos.

Los antibióticos son totalmente ineficaces para tratar las infecciones por estos virus.

¿Qué ocurre cuando se toman antibióticos sin necesitarlos?

Que las bacterias se vuelven resistentes a ellos, es decir, que cuando se adquiera una infección causada por una bacteria, el fármaco ya no tendrá efecto sobre esta y, por lo tanto, no podrá curar la infección.

Debido a que las bacterias pueden transmitirse de unas personas a otras, el uso irresponsable de los antibióticos puede incrementar el número y la gravedad de las infecciones, que pueden resultar muy difíciles de controlar.

¿Qué sucede si se toma un antibiótico más potente de lo necesario?

Las infecciones bacterianas leves suelen requerir un antibiótico de bajo espectro (que afecta a grupos pequeños de gérmenes), y utilizar uno de amplio espectro es innecesario y puede constituir un peligro, tanto para el propio paciente como para el resto de la población, porque facilitará que los gérmenes se vuelvan resistentes a estos medicamentos.

La eficacia de estos fármacos, por tanto, no se basa en que sean más potentes o más caros, sino en que el médico prescriba el indicado para cada tipo de infección, y se sigan sus instrucciones en cuanto a dosis y duración del tratamiento.

¿Cómo deben tomarse los antibióticos?

Cuando el médico prescriba el empleo de antibióticos, es imprescindible seguir todas sus instrucciones en cuanto a las dosis y la duración del tratamiento, respetando las horas entre las dosis. Por eso, se debe establecer un horario adecuado para que sea más fácil cumplir el tratamiento.

Así, si se prescribe una dosis cada 8 horas, se puede comenzar a las 8 de la mañana, tomar la siguiente dosis a las 4 de la tarde y, la última, a las 12 de la noche. Si se trata de una única dosis diaria, se debe tomar siempre a la misma hora.

¿Es importante completar el tratamiento?

Es fundamental cumplir el tratamiento indicado, y no interrumpirlo aunque desaparezcan los síntomas de la enfermedad (tos, fiebre, etcétera) siempre que el médico así lo indique. Las resistencias de las bacterias pueden aumentar, y la eficacia de los antibióticos disminuir, cuando estos se toman a dosis incorrectas o de forma irregular.

¿Pueden los antibióticos provocar efectos secundarios?

Como cualquier otro fármaco, también los antibióticos pueden provocar efectos secundarios indeseados.

Algunas personas son alérgicas a estos medicamentos, o pueden desarrollar esta alergia con el tiempo.

Además, el tratamiento con antibióticos puede alterar y deteriorar la flora intestinal y vaginal, favoreciendo que microorganismos patógenos ocupen el lugar de los que son beneficiosos para la salud, lo que conlleva la aparición de molestias de estómago, diarrea, o una infección con picores genitales.

Para prevenir o limitar estos síntomas es recomendable tomar probióticos.

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